de lo creado en la ultima milésima
de un segundo
diminuto mundo
muerto de risa
nos contempla
Torpes gigantes en un vacilante tropel
ellas marchan
sin reloj a tiempo
Veneran su ancestral camino
el paso de la vida las alimenta
descomponiendo a tiempo el verano
con sus aliadas bacterias
Han caído en la inmensidad de una selva artificial
pisada por los hombres
con todo ese verde
se cubre la saciedad por mil
Forma una inmensa convención
donde las noticias llegan
y se marchan angustiosas
la misión llega junto al amanecer
No requieren seguridades
ni acceso al saber
fieles a su destino
se saludan alegres en sus lamidas patas
Todas o ninguna
es su convicción
en el reino de ellas es la condición para ser
Asegurando el porvenir
antes de una primera lluvia
prendiendo calores para el invierno
en pleno verano
Desde este micro universo
tan valioso como el oro
principio del mundo
contemplan atónitas
el caos y la entropía
que les rodea.
Ignacio Pérez
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